1958 – Comisión investigadora de las causas de la Violencia

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Screen Shot 2015-05-29 at 10.37.34 AM¿Dónde y cómo nació la violencia en Colombia? Desde diversas perspectivas se ha intentado interpretar y hasta justificar las causas de esa violencia endémica que desde 1947 azota en forma inclemente a Colombia.

La opinión pública hace rato perdió el norte en esa maraña de tesis y justificaciones en las que se confunden la violencia partidista, el bandolerismo, las luchas agrarias, la violencia oficial, la influencia comunista , las repúblicas independientes , los pájaros , las guerrillas castristas , el narcoterrorismo, las autodefensas, la guerra revolucionaria, el foquismo , los maoístas , las guerrillas de la paz , los comunes , los limpios y los sucios .

En forma simplista, en lo único que lograron acuerdo el país y la comunidad internacional fue en adherirle a la década transcurrida entre 1947 y 1958 la etiqueta que reza: “La Violencia” = 300.000 muertos .

En los primeros pinitos del Frente Nacional -ese experimento que intentaba aclimatar la convivencia civilizada de los dos partidos tradicionales- el entonces presidente Alberto Lleras impulsó la creación de la Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia .

Por fin se le iba a meter muela a determinar el dónde, el cómo y el porqué de la sangrienta confrontación, como lógico camino para aplicar los correctivos y terapias necesarios para extirpar el cáncer de la violencia.

El martes 27 de mayo de 1958, EL TIEMPO tituló en primera página: “Plenos poderes para la Comisión Investigadora de la Violencia”.

Y qué poderes: se le dotaba de la autoridad necesaria para investigar en todos los sitios que juzgara conveniente; para tener acceso a todas las dependencias oficiales y enterarse de todos los informes… hasta los de carácter secreto, así como a los sumarios y expedientes, con el solo fin de basar sus opiniones en hechos concretos .

El gran valor de la comisión era su multifacética composición. En la alineación del equipo quedaron representados: El Partido Liberal, con dos delegados: Otto Morales y Absalón Fernández.

El Partido Conservador, con dos: Hernando Carrizosa y Eliseo Arango, que declinaron el ofrecimiento en favor de Augusto Ramírez Moreno.

La Iglesia, igualmente con dos: el padre Fabio Antonio Martínez, párroco de Quinchía, y monseñor Germán Guzmán, autor más tarde del libro “La violencia en Colombia”.

Y los militares por primera y única vez, con dos: en representación de los militares en retiro, el general Hernando Mora Angueira, y de los militares en actividad, el general Ernesto Caicedo López, jefe del estado mayor de las Fuerzas Militares.

En la galopante misión, los comisionados recorrieron a pie, a lomo de mula y en toda clase de aparatos de locomoción, los escenarios de 12 años de barbarie.

En cada zona de violencia, convencieron a los desconfiados alzados en armas, liberales, conservadores, comunistas y hasta bandoleros sin etiqueta política sobre las intenciones de paz de la Comisión, y esperaron con paciencia y persistencia a que los jefes de la insurgencia aparecieran en los sitios convenidos para escuchar razones, justificaciones, causas y condiciones para la cesación inmediata de la violencia y para la aceptación del regreso de las autoridades constitucionales.

En seis meses lograron más de cincuenta pactos de paz, tanto entre irreconciliables pueblos donde los vecinos ajustaban dos lustros matándose, porque unos se llamaban “godos” y los otros “cachiporros”, como entre grupos guerrilleros cada vez más grandes y mejor armados, que a su vez se defendían de otros grupos rivales, que consideraban más influyentes o simplemente amenazantes.

Con paciencia escucharon a todos los alzados en armas, que ostentaban evocativos apodos y grados militares. Al General Mariachi y al Capitán Venganza. A famosos protagonistas de la violencia, como Chispas, Pedro Brincos, El Mico, Peligro, Puñalito y Revolución. A dirigentes agrarios, como Juan de la Cruz Varela, y a comisionados de diversas organizaciones, como las de Tirofijo, Ciro Trujillo y Timoteo.

A fines de 1958, los diez mil hombres alzados en armas habían silenciado sus fusiles y permanecían a la espera de las promesas de la rehabilitación.

Pero ya están a la vuelta de la esquina los años 60, que ven ondear las imágenes triunfantes de la revolución de Fidel Castro y el Che, una suerte de semillas insurreccionales que caerán sobre la tierra fértil de un romanticismo universitario comprometido con los cambios revolucionarios. Y ya galopan las naciones al compás militarista que animan los dueños de una guerra fría que está que arde. Y el senador Álvaro Gómez rebautiza como “repúblicas independientes” a los grupos de campesinos alzados. Y el gobierno de Guillermo León Valencia se enreda en el Plan Lazo. Y hasta los curas revolucionarios se salen de sus sotanas… Y entonces… Colombia se incendiará de nuevo.

 

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Publicado en El Tiempo – 19 de mayo de 1992

Imágenes de El Tiempo – 26 de noviembre 1958

Revisado: 29 de mayo de 2015

Autor: Armando Caicedo Garzón

 

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