Abejas, Inmigrantes y Periodistas

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caicedo-666-extincion– Abejas, inmigrantes y periodistas somos especies en vía de extinción.

– No entiendo el chiste, cretino –respondió la tía Filomena,

Sin abejas que trabajen gratis y sin paisanos indocumentados que recojan cosechas por bajísimos salarios, la comida va a escasear.

Me explico: si se siguen muriendo las abejas y seguimos deportando a los campesinos que vienen a recoger las cosechas, alistemos la barriga para  comer lechugas “made in China”.

– Tía, semejante crisis se agrava con la llegada del internet.

– ¿Es que las abejas ya usan la Internet?

– No. La internet no afecta a las abejas silvestres, ni a los trabajadores inmigrantes, sino que con  la aparición del internet, los  periodistas de salario mínimo -como yo- también estamos desapareciendo.

– ¿Y cuál es el problema?

– Pues que sin periodistas que alerten sobre la escasez de abejas y de inmigrantes, pues la situación se empeora.

Empecemos por las abejas.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, informa que están desapareciendo las colonias de abejas en el mundo: 30% en los campos de Estados Unidos, 30% en Europa y más de 85% en Medio Oriente.

Esa desaparición pone en peligro la alimentación de la humanidad: el 80% de los alimentos que consumimos pertenece a 100 especies de frutos  y semillas que necesitan ser polinizados por las abejas silvestres.

Es imperdonable olvidar que la supervivencia de los seres humanos depende de muchos procesos naturales, y que uno de los más importantes es la polinización que esas abejas silvestres hacen gratis.

– ¡¿Gratis?!  -gritó la tía Filomena, sí en este país nadie hace cosas gratis.

– Tía, las abejas lo hacen gratis y, además, de manera espontánea. Se calcula que el trabajo de polinización que las abejas silvestres realizan en el mundo tiene un valor de más de  $153.000 millones de dólares, cada año.

– ¿Y qué tienen que ver los inmigrantes con las abejas?

– Tía, recoger las cosechas de legumbres y frutas requiere gran cantidad de mano de obra, y los inmigrantes agrícolas -como las abejas- también están disminuyendo.

Llegó a su fin la era de los campesinos baratos. La explicación es sencilla: la economía de México está creciendo. Ahora a los paisanos les pagan mejor allá por su trabajo agrícola. Para atraerlos, tendremos que ofrecerles mejores salarios, menos discriminación y terminar la persecución de la “migra”.

– Tía ¿ves otra solución?

– ¡Clarinete, mijo! La solución es entrenar más abejas domésticas y ofrecerles trabajo como recogedores de cosechas, a tantos norteamericanos desocupados que viven en las grandes ciudades.

– Adorada tia, estás chiflada. Así cómo el trabajo de polinización que hacen las abejas silvestres produce el doble de frutas que las abejas asalariadas, ningún norteamericano se agachará a recoger un pepino, por el miserable salario que le ofrecemos a un trabajador indocumentado.

– Mijo, ante panorama tan difícil, ¿puedo hacerte una sugerencia?

– Claro tía.

– Salvemos a las abejas y a los inmigrantes y que se jodan los periodistas.

(fin)

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VERBATIM

 “Las únicas armas químicas de destrucción masiva son los pesticidas, que empezaron matando abejas y terminarán matando de hambre a la humanidad”

Columna publicada en Abril de 2013

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