Biografía

En mis propias palabras…

Para escribir acerca de uno mismo se requiere la vocación de un redactor de obituarios y la capacidad de síntesis de un escritor de epitafios.

Quisiera ser breve, pero en este oficio uno descubre que para escribir corto se necesita mucho tiempo.

Así que, en un orden caótico, trataré de repetir de corrido lo que voy encontrando mientras me hurgo con un destornillador de estrella, las circunvoluciones del cerebro donde almaceno mi memoria episódica.

Para empezar esta autobiografía –no muy confiable- confieso que no veo ninguna relevancia en el hecho  que el apellido Caicedo provenga del País Vasco. Pero según chismes de familia, quiso la Divina Providencia que, por allá en 1537, un joven, nacido en la aldea de Cayzedo, ubicada en la provincia de Álava, España fuera autorizado para cruzar la Mar Oceánica, a hacer América, como conquistador.

Este hijodalgo de morrión apenachado, cota de malla, y coraza de escarcelas, sentó plaza en Popayán con el  titulo de  “capitán de conquista”, animado por el cuento de propagar la fe y, de paso, llenar la bolsa.

Su nombre era Francisco Torre, pero como quiera que en aquel tiempo era usual sustituir el apellido familiar por el patronímico de origen, el tal Francisco Torre, pasó a la historia  con el nombre artístico de Francisco de Cayzedo, testimonio fehaciente que era originario de la aldea de Cayzedo.

No me detengo en describir la aldea de mis ancestros porque ella misma brilla por su carencia de títulos y pergaminos, aunque por allá en la Provincia de Álava la recuerdan por sus ruinas romanas, sus minas de sal y una parroquia dedicada a la Virgen de la Asunción.

Para no correr el riesgo de salpicar mi desteñida biografía con la aparición por sorpresa de algún pariente Caicedo de dudosa prosapia, o alguna bisabuela política de tres en conducta, incluso algún pariente obispo con milagrosa descendencia o una parienta monja con malos hábitos, me trepo -tronco arriba- por entre las ramas de mi árbol “ginecológico”  no sé cuantos siglos hasta toparme con mi abuelo, el coronel Alejandro Caicedo Madero, y mi padre, el general de artillería Ernesto Caicedo López.