Biografía

Cuando retorné a Punch, asumí la producción ejecutiva de una telenovela que hizo historia por sus  características peculiares. El presupuesto para la serie no era teóricamente limitado, sino simplemente miserable. Se trataba de una novela de transición -muy corta- de apenas 90 capítulos, destinada a rellenar un espacio diario, en “prime time”, en espera que culminara la exitosa novela del canal enfrentado.

Punch atravesaba serias dificultades financieras, razón para que todos en el equipo juráramos –sin mucha convicción- votos de pobreza. Para no posar de tacaños, desarrollamos la fórmula perfecta: Toda idea salvadora se aprobaba “ipso facto”, siempre y cuando no costara un peso.

Como el presupuesto era tan exiguo se tomó la determinación de adaptar la novela  “Manuela“, del escritor Eugenio Díaz Castro. Razones de peso ($) inclinaron la balanza hacia esa decisión: se trata de una novela histórica, poco exigente en locaciones y vestuario. Fue escrita en 1856 y, por lo tanto, no se pagaban derechos autorales.

Felipe González asumió la dirección. El escritor Fernando Soto Aparicio se encargó de la adaptación y los libretos. Y este servidor asumió la producción ejecutiva. A la hora de negociar el talento, el magro presupuesto no alcanzó a conmover a ninguna prima donna, pero se logró organizar un elenco de actores profesionales, que le pusieron a la obra, alma, vida y sombrero. En esas carreras se le ofreció el rol de “Manuela” a una joven actriz muy talentosa, Amparo Grisales que realizó ahí su primer papel protagónico.

Por esa vía de la necesidad, nos reinventamos a diario. La meta era sobrevivir los 90 capítulos, mientras se preparaba una novela de calibre respetable. La clave fue tocar puertas e improvisar. Me vi obligado a dar ejemplo de improvisación: yo, que para la música soy más sordo que una rodilla, compuse el tema de la novela, con la ayuda de los chicos de la tuna de la Universidad Central.  Gracias a mis contactos en el Ejército, revivimos la época de los esforzados viajes de los arrieros, cordillera arriba, con el despliegue de cientos de mulas y extras que nos facilitó la Escuela de Artillería. Revivimos emotivas batallas de la independencia gracias a los escuadrones montados que nos facilitó la Escuela de Caballería. Y contamos con innumerables extras que no eran otros que mis estudiantes de la universidad.