Crónica FIN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Facebooktwitterlinkedin

Por: Armando Caicedo Garzón

Publicado el 20 de diciembre 1991, en el diario El Tiempo – Colombia

……………………..

El documento de 13 hojas que expresa las condiciones impuestas por los victoriosos aliados –Francia, Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos– y que fueron aceptadas por la derrotada Alemania, se rubricó a las once horas, del día once, del mes once, de 1918.

Una hora más tarde los fusiles enmudecieron. El comando militar alemán emitió el último comunicado, ordenando a sus soldados suspender todas las hostilidades en todos los frentes.

Habían transcurrido 1.957 días de carnicería, desde aquel domingo 28 de junio de 1914, cuando Gavrilo Princip, un estudiante serbio, de 19 años, prendió la mecha de este polvorín mortal, allá en las calles de Sarajevo, capital de Bosnia, al asesinar al heredero del trono austro-húngaro, Francisco Fernando y a su esposa, en venganza por la opresión que sufrían los serbios.

La guerra que se desató dejó 7’700.000 muertos y 19’536.000 heridos.

Durante los primeros 36 meses, los alemanes mantuvieron la ofensiva, pero ahora, desde julio de 1918, sus ejércitos se baten en retirada y la guerra se plantea ya en territorio germano. El lunes 24 de septiembre el Estado Mayor alemán pidió a su gobierno que adelantara conversaciones para un armisticio.

El presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson replicó: No hay conversaciones sobre armisticio, si previamente no hay rendición total de los alemanes y la abolición del régimen imperial, que deberá ser reemplazado por una democracia.

La guerra no solo estaba perdida, sino que la cabeza del Kaiser Guillermo II quedó en riesgo.

Los militares alemanes no justificaban la continuación de la contienda. Pero el Kaiser, iracundo, rechazó las insinuaciones de que abdicara. De inmediato ordenó a su flota naval, concentrada en Kiel, embarcar y levar anclas para continuar la guerra.

Los marinos, desmoralizados, se amotinaron y se negaron a obedecer. Ocho días antes del colapso total, el germen de la revolución socialista se tomó la marina.

 

Tal era el espíritu de derrota total entre los alemanes, que cuando Matías Erzberg, representante alemán en la firma del armisticio, salió 4 días antes con dirección al cuartel de su archienemigo, el mariscal francés Foch, el documento más importante que cargaba entre su carpeta era un papel en blanco firmado por el propio canciller, para aceptar cualquier condición de rendición que evitara la vergüenza y el deshonor para el ejército alemán.

Al ingresar el negociador alemán al vagón del tren, donde el mariscal francés Ferdinand Foch había establecido su comando, éste se negó a estrecharle la mano a Erzberg.

Sin salida, diferente a la rendición total, Erzberg aceptó todas las condiciones aliadas, entre otras:

  1. Devolución de todos los territorios ocupados en Francia, incluyendo Alsacia y Lorena.
  2. Retiro de las tropas alemanas de Bélgica y Luxemburgo.
  3. Desalojo de la margen izquierda del río Rhin.
  4. Entrega a los aliados de 5.000 cañones, 25.000 ametralladoras, 1.700 aviones, 5.000 locomotoras, 150.000 vagones y 5.000 camiones.
  5. Inmediata liberación de los prisioneros aliados.
  6. En el frente ruso, retirada de los alemanes a sus fronteras de 1914.
  7. Desmantelamiento de su flota naval.
  8. Mantenimiento del bloqueo económico, incluidos los alimentos.

 

Como curiosidad histórica, el documento que se firmó ese lunes 11 de noviembre quedó con un serio error a la hora de transcribirlo a máquina.

El texto fue dictado por el mariscal Foch a Henri Deledicq, su mecanógrafo militar. La última página del documento fue preparada a las 5 de la mañana del mismo lunes. Rendido por el sueño y la fatiga, el mecanógrafo colocó varias de las hojas carbón al revés, lo que a su vez provocó que algunas de las 13 hojas quedaran ilegibles.

Era tal el afán de los combatientes por poner fin al conflicto, que ninguno de los firmantes leyó el documento y, como consecuencia, nadie se percató de la metida de pata del despistado mecanógrafo.

 

Aún faltan siete meses para la firma del Tratado de Versalles, donde se le impondrán a los alemanes condiciones muy severas, nacidas del ánimo revanchista de los vencedores. Estas exigencias inflexibles serán utilizadas por los nacional socialistas alemanes como pretexto para desencadenar la Segunda Guerra Mundial… y entonces…

… Hitler –en una guerra relámpago– ocupará nuevamente a Francia y ordenará el sábado 22 de junio de 1940 volver a desempolvar el mismo vagón donde se firmó esta derrota alemana de 1918, para exigir, en el mismo bosque de Compiegne, pero esta vez en la silla de los vencedores, la capitulación francesa.

 

Para demostrar la circularidad de la historia, entre las dos capitulaciones –firmadas en el mismo vagón– una presidida por el Mariscal francés Ferdinand Foch y la otra por «Der Führer» alemán Adolfo Hitler… apenas transcurrieron 21 años, 7 meses y 11 días.

(fin)

Facebooktwitterlinkedininstagram

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *