Cupido ¡Al ataque!

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Cupido-Al-ataque copyCuando se acerca el San Valentín, cualquier columnista de salario mínimo -como yo- suele declararse perdidamente romántico. Así que decidí compartir con mis amigos algunas de las experiencias que he vivido -consumido de cabeza- en las arenas movedizas del amor.

Para empezar, alabo la honestidad de esos valientes solteros, que el Día de San Valentín no celebran el “Día del Amor”, sino el “Día de la Independencia”.

Recuerdo con nostalgia mis viejos tiempos de soltero, cuando invitaba a mi novia a un restaurante caro, “para demostrarte mi amor sin condiciones“.

En estos tiempos, con la rutina del matrimonio y la vida tan costosa… ¡Claro que el marido invita a su mujer a que celebren el San Valentín!… pero en un restaurante modesto y con dos condiciones: cada quien paga lo que ordena, y piden cajitas separadas para cargar con las sobras.

Lo anterior prueba la vigencia de la Ley que rige la “mecánica conyugal”: “un tipo casado gasta el doble, pero se divierte la mitad“.

¿El amor ha cambiado? No lo dudes, güey.

Recuerdo la cara de tarados que poníamos los adolescentes cuando -en estado de éxtasis- nos quedábamos contemplando la cosecha de turupes y espinillas que exhibía -sobre su divino rostro– nuestra primera noviecita. ¡Ay! Era la época en que ella debía resistir el asalto -en simultánea- de tres precoces agresores: su acné, su desorden hormonal y el acoso de su primer galán calenturiento.

Pero todo ha cambiado. En estos tiempos digitales, el par de tarados ni se miran. Ahora contemplan –extasiados- las pantallas de sus celulares. Él, en espera de los mensajes de un cuate que le envía las instrucciones sobre cómo manipular las hormonas de su novia. Y ella, “chateando” con sus amigas, para describirles -con pelos y señales- la cara de imbecilillo que se carga su “romeo“.

Los noviecitos de antes mantenían una suerte de fidelidad a toda prueba. Si la chica no era muy generosa en atributos físicos, el güey agotaba hasta su última reserva de compasión: la invitaba a un antro oscuro, cerraba los ojos y se bebía tres “agrias”, que obraban el milagro de “embellecerla“.

Pero ahora, no es necesario. Existen muchos recursos digitales para manipular imágenes. Además, cualquier calenturiento adolescente posee un archivo gráfico completo de su noviecita. Desde esa foto en almendra -cuando cumplió sus primeros seis meses- en la que aparece chapaleando entre una tina de plástico abrazada a una pelota de playa, y le exhibe a la cámara –la muy coqueta- su primer diente de leche… hasta su última imagen en blanco y negro –ahora a sus dieciocho- en la que exhibe el torso desnudo, en la placa de “rayos X” que le ordenó su especialista en vías respiratorias.

Así que el calenturiento noviecito aprovechará todos los recursos digitales para mejorar la imagen de su nueva conquista. Toma la mejor foto de su amada y le recorta la cara, para insertarla en el cuerpo de la Jennifer López. A renglón seguido le agrega las “boobies” de la Sofía Vergara. Y, al final, le adiciona una peluca platinada de la Lady Gaga. El cretino subirá la imagen de “su bella transformer” al Facebook, para ostentar ante sus primos, amigos y rivales del vecindario sus habilidades naturales como “seductor latino“.

Consejo final:

En este “día de San Valentín” no dejes morir el amor de tu amada, así tengas que aplicarle de urgencia, las dos tradicionales técnicas de resucitación: “compresión sobre sus pechitos y respiración boca a boca“.

………………………………………………..

(fin)

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