Firma: Ricardo Brown

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Respeto a los periodistas que conocen su oficio, aquellos que se han hecho en las dificultades, se templaron en las trincheras, han cubierto conflictos y guerras en muchos países y son ávidos lectores. Uno de ellos es Ricardo Brown. Cuatro Premios Emmy, respaldan lo que afirmo. ¡Qué orgullo encontrar en mi buzón una carta suya!

Querido Armando:

Terminé “El niño que me perdonó la vida.”

No creo que es la admiración y afecto que despiertas en mí lo que me motiva a decirte que es una autentica obra maestra. Es que lo es.

El libro es colombiano por su tema y  la maestría en el manejo de la narrativa,  la riqueza de palabras y la forma de estructurar el relato del autor. Y eso de por sí es de incuestionable valor.

La literatura colombiana es de altura, de extraordinaria calidad.  Y ser un excelente escritor colombiano es ser grande entre grandes.  Pero “El niño que me perdonó la vida”  tiene la  universalidad de algo que hubiera escrito García Márquez, tu ilustre compatriota que es orgullo de todos los latinoamericanos.

Yo no soy un crítico profesional. Soy simplemente un lector voraz de cuanto cae en mis manos. Te cuento que me siento privilegiado que  me hubieras hecho llegar “El niño..” Me hipnotizó desde la primera página. Como sabes, yo me crié y me eduqué en Estados Unidos, y he leído mucha literatura de habla inglesa. Marcando las diferencias y distancias, en “El niño..” he visto a tres de mis referentes: a Dickens, a Hemingway y a Faulkner (que era favorito de El Gabo).

De Dickens, en “El niño…” hay un estilo de narrativa que te embruja, que te hace ansioso de conocer lo que viene después; de Hemingway está la facilidad de hacer entender los personajes, de  poder ver con sus ojos, adentrarnos en sus pensamientos y compartir sus temores y sus anhelos; de Faulkner –muy distinto a Dickens y  Hemingwa– “El niño…” tiene una riqueza descriptiva impresionante, desde la forma en que pintas los paisajes que recorre Enrique hasta lo que siente cuando se enfrenta al tigre o teme que va a ser asesinado por el verdugo que envió Joselo.

A mí siempre me ha interesado Colombia. Mis hijos tienen primas de madre colombiana. Estuve casado con una colombiana, cuya familia sigo considerando como mía. Hace años perdí la cuenta de las veces que he estado en Colombia como periodista y por razones personales. Conocí a Galán y a Guillermo Cano, cuyas muertes me dolieron mucho. Durante la guerra del narcotráfico, hablé con muchas jóvenes viudas de policías asesinados en Medellín, que tenían que seguir atrapadas en los tugurios donde vivían los sicarios que las dejaron viudas y huérfanos a sus pequeños hijos. Siempre me costó trabajo entender cómo aquel país de gente culta, amable, decente, laboriosa  tenía que vivir en una situación tan convulsa, tan violenta, con el acoso de la guerra.

La guerra es terrible. No sé si algún día la eliminaremos como parte de la condición humana. Sí sé que es urgente que contemos sus injusticias, sus horrores, su inhumanidad. Tiene que haber constancia, tiene que haber el testimonio del daño monstruoso que causa la guerra en la humanidad y en los humanos, de uno a uno.

Tú  lo logras.

Logras también ilustrar magistralmente lo que es la pobreza. Tus descripciones de las condiciones de vida en esos lugares perdidos por donde camina Enrique y los personajes que pueblan su vida son dignas del antropólogo Oscar Lewis, que estudió mucho ese terrible castigo que es la pobreza.

“El niño que me perdonó la vida” también tiene algo que me conmovió. Tiene ternura, que es la más apasionada de todas las pasiones. Tiene la bondad del buen guerrero, que te tocó ser un tu momento.

Te felicito, Armando. Eres un extraordinario escritor. Esta es una obra de enorme importancia y así será reconocida.. Y eres un hombre bueno. ¡Qué orgullo ser tu amigo!

Ricardo Brown

Para conocer más de Ricardo Brown:
http://actualidadradio.com/talentos/ricardo-brown/

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